miércoles, 22 de agosto de 2007

Costumbre

Veinte mentiras unidas,
un par de zapatos de tap,
ocho horas de sueño
y un reloj que cuenta lágrimas sobre un viejo diván.
Un bajo que espera en una esquina,
una frasada que desabriga,
y resaltando, un peluche relleno de memorias reposa sobre la cama.
Así describía su cuarto mientras escuchaba el ruido de una caja registradora.
La soledad prendia fuego a un arlequín que hacía llorar, y el vaivén de una hamaca acrecentaba una resaca inexistente. Ahí yo.
Un recital mudo y en blanco y negro. Nada tenía sentido. Charly García tocaba "Help" y la gente aplaudía a Björk.
El cuadro del living tomaba vida y bailaba sin música. Así era su vida ahora. Surreal.
Había un guitarrista en 9 de Julio esperando apra cruzar. Habían mil palomas en la Plaza de Mayo y era Abril. Viajaba una ilusión en el ferrocarril mitre y se equivocaba de estación.
Destape y Confianza
Escribía en un café en una esquina porteña. Apuraba el último trago y terminaba de escribir.
El ritual de acostumbramiento estaba llegando a su fin.
Así, la soledad no se veía tan terrible.

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